Libertado
LIBERTADO (testimonio)
Por: Luis Alberto
“Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción
de personas juzga según la obra de cada uno,
conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados
de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis
de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro y plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin manchas y sin contaminación” (1 Pedro 1:17-19)
Raúl, joven cubano educado según los preceptos católicos, no había hallado en la religión de sus padres lo que satisficiera su sed de verdad.
Se juntó con una banda de descontentos cuyo estilo de vida lo condujo a cometer hechos criminales,
y luego formó parte de un grupo de drogadictos.
Fue encarcelado en una prisión de alta seguridad en una de las provincias orientales. Allí Dios lo encontró.
Un día, cuando maquinalmente daba vuelta al dial de su radio transistor, escuchó un mensaje cristiano
en una emisora extranjera de habla hispana, dedicándole toda la atención, después se acercó a un
grupo de reclusos que estudiaban la Biblia y pidió incorporarse al grupo, teniendo aceptación; Durante
dos años de los tres de su condena, estudió la palabra
de Dios, luego de haber aceptado al Señor Jesucristo
como su salvador, más tarde sale bajo libertad condicional volviendo a su hogar.
No buscó una iglesia evangélica de inmediato
donde congregarse y comenzar un discipulado,
provocando enfriamiento espiritual, abandonó su lectura para volver a las doctrinas religiosas de sus
padres. La lucha entre la luz y las tinieblas fue
Terrible hasta el día en que la Palabra de Dios triunfó.
El quiso dar testimonio de su fe a los vecinos y a sus amistades, por lo cual pronto fue objeto de toda
clase de molestias. Las soportó con paciencia y les
hizo frente según las enseñanzas de su Maestro:
“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad
por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo5:44).
Sentó a sus padres y les dijo: “Jesús está conmigo, lo conocí en la cárcel. No tengo más miedo a la muerte.
Cristo me liberó. Por fin soy libre”.
“Así que, si el Hijo os libertare, seréis
Verdaderamente libres.”
Por: Luis Alberto
“Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción
de personas juzga según la obra de cada uno,
conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados
de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis
de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro y plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin manchas y sin contaminación” (1 Pedro 1:17-19)
Raúl, joven cubano educado según los preceptos católicos, no había hallado en la religión de sus padres lo que satisficiera su sed de verdad.
Se juntó con una banda de descontentos cuyo estilo de vida lo condujo a cometer hechos criminales,
y luego formó parte de un grupo de drogadictos.
Fue encarcelado en una prisión de alta seguridad en una de las provincias orientales. Allí Dios lo encontró.
Un día, cuando maquinalmente daba vuelta al dial de su radio transistor, escuchó un mensaje cristiano
en una emisora extranjera de habla hispana, dedicándole toda la atención, después se acercó a un
grupo de reclusos que estudiaban la Biblia y pidió incorporarse al grupo, teniendo aceptación; Durante
dos años de los tres de su condena, estudió la palabra
de Dios, luego de haber aceptado al Señor Jesucristo
como su salvador, más tarde sale bajo libertad condicional volviendo a su hogar.
No buscó una iglesia evangélica de inmediato
donde congregarse y comenzar un discipulado,
provocando enfriamiento espiritual, abandonó su lectura para volver a las doctrinas religiosas de sus
padres. La lucha entre la luz y las tinieblas fue
Terrible hasta el día en que la Palabra de Dios triunfó.
El quiso dar testimonio de su fe a los vecinos y a sus amistades, por lo cual pronto fue objeto de toda
clase de molestias. Las soportó con paciencia y les
hizo frente según las enseñanzas de su Maestro:
“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad
por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo5:44).
Sentó a sus padres y les dijo: “Jesús está conmigo, lo conocí en la cárcel. No tengo más miedo a la muerte.
Cristo me liberó. Por fin soy libre”.
“Así que, si el Hijo os libertare, seréis
Verdaderamente libres.”
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