Espiritu Santo
EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO
Por: Luis Alberto
El que ha sido rescatado por Cristo tiene naturalmente el deseo de vivir para su Señor.
Desgraciadamente, no tarda en hacer la
experiencia de que en sí no tiene ninguna
fuerza para llevar una vida santa y pura,
de manera que el bien que quiere, no lo
practica; el mal que no quiere, lo hace
(Romanos 7:19).
Hay en él un nuevo hombre, nacido de Dios, que no
peca ,pero subsiste también en él la naturaleza
pecadora, el viejo hombre, “que está viciado
conforme a los deseos engañosos” (Efesios 4:22).
Debe aprender por medio de la experiencia y de la
enseñanza de la Palabra:
- Que en el viejo hombre (no en el nuevo) mora todavía el pecado;
- Que en él no hay ninguna fuerza para reprimir esa vieja naturaleza (Romanos 7:14-23).
Y cuando, habiendo experimentado su completa incapacidad, es llevado finalmente a implorar el
socorro (Romanos 7:24), aprende que lo que le era
imposible, Dios lo ha hecho por él, pues esa vieja
naturaleza que tanto hace sufrir al nuevo hombre, y de la cual no puede deshacerse, Dios le dio muerte
en la cruz con Cristo (Romanos 6:5-6; Gálatas 2:20).
Como no tiene en sí ninguna fuerza para hacerlo, Dios ha puesto a su disposición un poder
victorioso: el Espíritu Santo que él le ha dado y que habita en el creyente. Dios nos libera así del poder
del pecado, después de habernos liberado de la condenación merecida por nuestros pecados.
Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. ( Romanos 8:13 )
Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. (Gálatas 5:16 )
Por: Luis Alberto
El que ha sido rescatado por Cristo tiene naturalmente el deseo de vivir para su Señor.
Desgraciadamente, no tarda en hacer la
experiencia de que en sí no tiene ninguna
fuerza para llevar una vida santa y pura,
de manera que el bien que quiere, no lo
practica; el mal que no quiere, lo hace
(Romanos 7:19).
Hay en él un nuevo hombre, nacido de Dios, que no
peca ,pero subsiste también en él la naturaleza
pecadora, el viejo hombre, “que está viciado
conforme a los deseos engañosos” (Efesios 4:22).
Debe aprender por medio de la experiencia y de la
enseñanza de la Palabra:
- Que en el viejo hombre (no en el nuevo) mora todavía el pecado;
- Que en él no hay ninguna fuerza para reprimir esa vieja naturaleza (Romanos 7:14-23).
Y cuando, habiendo experimentado su completa incapacidad, es llevado finalmente a implorar el
socorro (Romanos 7:24), aprende que lo que le era
imposible, Dios lo ha hecho por él, pues esa vieja
naturaleza que tanto hace sufrir al nuevo hombre, y de la cual no puede deshacerse, Dios le dio muerte
en la cruz con Cristo (Romanos 6:5-6; Gálatas 2:20).
Como no tiene en sí ninguna fuerza para hacerlo, Dios ha puesto a su disposición un poder
victorioso: el Espíritu Santo que él le ha dado y que habita en el creyente. Dios nos libera así del poder
del pecado, después de habernos liberado de la condenación merecida por nuestros pecados.
Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. ( Romanos 8:13 )
Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. (Gálatas 5:16 )
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