NOSOTROS HEMOS DE CONQUISTAR EL MUNDO PARA JESUCRISTO.
Mat 28:18 Y acercándose
Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la
tierra.
Mat 28:19 Id, pues, y
haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo,
Mat 28:20 enseñándoles a
guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los
días, hasta el fin del mundo.
¿Cuáles serían los sentimientos que
despertara tal Comisión? Tal vez éstos: “¿Nosotros hemos de conquistar el mundo
para ti, Señor; nosotros que apenas hemos vencido nuestros recelos; nosotros,
pescadores de Galilea, sin letras, sin medios, sin influencia aun sobre las
criaturas más humildes? No, Señor; no te burles de nosotros”. “No me burlo de
vosotros, ni os envío a la lucha a vuestras expensas. Porque…” Aquí tenemos los
Incentivos:
Primer
Incentivo: “Toda
potestad me es dada en el cielo”
todo el poder del amor, de la sabiduría y de la fuerza del Cielo. Es decir,
todo el poder en la tierra”:
poder sobre todas las personas, todos los movimientos, todas las pasiones,
todos los principios, para inclinarlos a cumplir con este elevado objetivo: la
evangelización del mundo. Todo esto “me
es dado a mí”, como el Señor de todos los que ha resucitado; todo lo cual será puesto por mí a vuestras
órdenes. “Por tanto, id”.
Segundo
Incentivo: “Y he aquí,
yo estoy con vosotros todos los días” no sólo para siempre, sino sin
interrupción, “hasta el fin del mundo”.
En Galilea el encuentro otra vez ocurre en un monte. Está tan
indeterminado como todos los montes de que antes se habló. En un monte se había
proclamado la doctrina de la verdadera justicia. Por otra parte, desde un monte
se publica la orden de Jesús resucitado para el tiempo que ha de durar hasta el
fin del mundo. Como Jesús lo ha predicho, están otra vez reunidos todos, menos
el que le entregó. Los once discípulos se hallan alrededor del Maestro, están
de nuevo reunidos el pastor y el pequeño rebaño. Miran y se postran en actitud
de adorar.
En otra ocasión ya lo habían hecho, cuando por la noche en el lago
se les había manifestado Jesús como Señor de los elementos. Se habían postrado
en la barca y habían confesado. « ¡Realmente, eres Hijo de Dios! » Ahora saben
con precisión a quién vieron entonces, y saben que Jesús recibió legalmente su
confesión. El que ahora está entre ellos, no sólo es el Señor de los elementos,
sino también su Señor y el Señor del universo. Se le ha transmitido todo poder
en el cielo y en la tierra. El Padre ha recompensado la obediencia del Hijo. No
sólo le han sido confiados distintos poderes, como el de perdonar pecados, el
de enseñar, poder sobre las enfermedades
y demonios, sino toda clase de poder y todo el poder en el sentido ilimitado.
En este poder también se incluye su cargo como Hijo del hombre que regresa, y
como juez del fin de los tiempos. Esta es la gloriosa confirmación del
mesianismo de Jesús, mesianismo que Dios le otorgó y que el mismo Dios puede
manifestar.
Lo fundamental de lo que dice Jesús es el encargo que confía a los
discípulos de hacer asimismo discípulos a todos los pueblos. Ahora debe estar
abierto a todo aquello para lo que fueron elegidos. No se exceptúa ningún
pueblo, ni siquiera el obstinado pueblo de Israel. Eso debe suceder de una
doble manera, por medio del bautismo y de la enseñanza. Es raro que no se
nombren a la inversa estas dos maneras. Para poder bautizarse primero se tiene
que creer. Pero aquí debe decirse que el bautismo solo no basta, aunque sea
fundamental para la vida del discípulo. El bautismo tiene que acreditarse en la
vida según la enseñanza del Maestro. Las dos cosas juntas producirán discípulos
que merezcan este nombre.
¿De qué manera está Jesús entre
nosotros? Con los discípulos estuvo cara a cara hasta que ascendió al cielo, y
luego por medio del Espíritu Santo. El Espíritu Santo vendría a ser la
presencia de Jesús que nunca los abandonaría .Jesús continúa estando con
nosotros hoy por medio del Espíritu Santo.
El deber que Jesucristo impuso
a sus discípulos. Les mandó que enseñasen á todas las naciones. No habían de
reservar sus conocimientos para sí mismos,
sino comunicarlos á sus semejantes; ni habían de imaginarse que la
salvación había sido revelada solo para los Judíos, sino, antes bien, debían
anunciarla ante todo el mundo. En una
palabra, lo que les correspondía hacer era esforzarse por convertir todas las
naciones y por decir á toda la tierra que Jesucristo había muerto por los pecadores.
No olvidemos que ese mandato
es todavía obligatorio. Es deber imprescindible de todo discípulo de Jesucristo
el hacer todo lo posible, tanto personalmente
como por medio de la oración, por encaminar á sus prójimos hacia el
Salvador. ¿Qué fe es la que tenemos si descuidamos este deber? ¿Qué caridad? Es
de sospecharse que un hombre no aprecia
el Evangelio en su debido valor cuando no quiere darlo á conocer al mundo.
La profesión pública que Jesús
exige de los que crean en el Evangelio. Les dijo á los apóstoles que bautizaran
á los que recibieran como discípulos.
Mas la verdad práctica que
esas palabras enseñan es que el creyente debe hacer profesión pública de su fe.
No basta ser discípulos en secreto: es preciso que no nos avergoncemos de dar á conocer á los
hombres quiénes somos y á quién servimos. Las palabras que Jesús pronunció á
este respecto son muy solemnes: “El que se avergonzare de mí y de mis palabras
en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará de él,
cuando vendrá en la gloria de su Padre
con los santos ángeles...
La obediencia que Jesús exige
de los que profesen ser sus discípulos. Á los apóstoles les mandó que enseñasen
á estos que guardaran todas las cosas que El
les había mandado.
Esto demuestra que una
religión de mero nombre y de mera apariencia es inútil, y que solo se reputan
como cristianos á los que obedecen las palabras de Jesucristo y se esfuerzan por practicar sus
preceptos. ¿De qué manera vivimos? ¿Cómo nos conducimos en el hogar y fuera de
él? ¿Es el Sermón en el Monte nuestra
norma? ¿Nos esforzamos en imitar el ejemplo de Jesucristo? ¿Hacemos por
practicar lo que él mandó? Preguntas son estas que debemos contestar satisfactoriamente si es cierto que hemos
experimentado el renacimiento y nos hemos hecho hijos de Dios. La fe sin obras
es muerta. "Vosotros sois mis
amigos," dijo Jesús, "si hiciereis las cosas que yo os
mando," Juan 15:14.
La benigna promesa con la cual
Jesús terminó sus palabras. Dijo á sus discípulos: "Yo estoy con vosotros
todos los días, hasta el fin del siglo...
Es imposible concebir palabras
más consoladoras, fortificantes y regocijadoras que estas. Aunque los
discípulos iban á quedarse solos, como huérfanos, en un mundo frió y cruel, no por eso iban á estar
desamparados. Su Maestro iba á estar siempre con ellos. Ningunas otras palabras
habrían podido ser tan adecuadas para
tales hombres, y en tales circunstancias, y ningunas otras podrían tampoco
serlo para los creyentes en todos los siglos del mundo.
DIOS LES BENDIGA
luisalbertom24@gmail.com
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