PRODIGIO DEL AMOR
el PRODIGIO DEL AMOR
Por: Luis Alberto
(Mat 26:6) Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
(Mat 26:7) vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.
(Mat 26:8) Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?
(Mat 26:9) Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.
(Mat 26:10) Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues ha hecho conmigo una buena obra.
(Mat 26:11) Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.
(Mat 26:12) Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura.
(Mat 26:13) De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.
La historia de la unción en Betania nos la cuentan también Marcos y Juan. El relato de Marcos es casi .exactamente el mismo que el de Mateo; pero Juan añade el detalle significativo de que la mujer que ungió a Jesús fue nada menos que María, la hermana de Marta y de Lázaro. Lucas no nos cuenta esta historia, pero sí la de la unción en la casa de Simón el fariseo:
(Lc.7:36-50)
Luc 7:36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
Luc 7:37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
Luc 7:38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.
Luc 7:39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
Luc 7:40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.
Luc 7:41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
Luc 7:42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?
Luc 7:43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
Luc 7:44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.
Luc 7:45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
Luc 7:46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.
Luc 7:47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.
Luc 7:48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
Luc 7:49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
Luc 7:50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vé en paz.
Siempre quedará la interesante posibilidad de que la historia que nos cuenta Lucas sea la misma que nos cuentan los otros tres evangelistas. En ambos casos el nombre del anfitrión es Simón, aunque en Lucas es Simón el fariseo, mientras que en Mateo y Marcos es Simón el leproso. En Juan, el anfitrión no se nombra, aunque el relato parece dar la impresión de que se trataba de la casa de Marta y María y Lázaro. Simón era un nombre muy corriente. Hay por lo menos diez Simones en el Nuevo Testamento, y más de veinte en el libro de historia de Josefo. La mayor dificultad para identificar las historias de Lucas y de los otros tres evangelistas es que Lucas nos dice que la mujer era una conocida pecadora, y no tenemos la menor indicación de que ese fuera el caso de María de Betania. Por otra parte, la misma intensidad con que María amaba a Jesús podría sugerir las profundidades de las que Él la rescató.
Sea cual fuere la respuesta que se dé a la cuestión de la identificación, la historia es desde luego lo que Jesús la llamó: la historia de una cosa muy hermosa; y nos atesora ciertas verdades muy preciosas.
Nos muestra la prodigalidad del amor. La mujer tomó lo más precioso que tenía; y se lo derramó a Jesús en la cabeza. A las mujeres judías les encantaban los perfumes; y era corriente que llevaran un frasquito de alabastro con perfume corriente en el collar. Ese perfume era muy costoso. Tanto Marcos como Juan nos relatan que los discípulos dijeron que ese perfume podría haberse vendido por trescientos denarios; lo que quiere decir que ese frasquito de perfume representaba casi el sueldo de un año de un obrero. O podemos verlo de esta otra
manera. Cuando Jesús y Sus discípulos estaba hablando de cómo se podría dar de comer a la multitud, la respuesta de Felipe fue que 200 denarios apenas bastarían para alimentarlos. Este frasco de perfume, por tanto, costaba tantos como la comida necesaria para cinco mil personas:
Era algo tan precioso como todo eso lo que esta mujer dio a Jesús, y Se lo dio porque era lo más precioso que tenía. El amor nunca calcula; al amor siempre le parece demasiado poco todo lo que da; el único deseo del amor es dar hasta 'lo último; y, cuando ha dado todo lo que tenía, aún le parece demasiado poco. No hemos ni empezado a ser cristianos si pensamos en darle a Cristo y a Su Iglesia lo menos que resulte aceptable.
Nos muestra que hay momentos en los que se falla viendo las cosas con sentido común. En esta ocasión, la voz del sentido común decía: ¡Qué derroche! Y no hay duda que era verdad. Pero hay un mundo de diferencia entre la economía del sentido común y la economía del amor. El sentido común obedece los dictados de la prudencia; pero el amor obedece los dictados del corazón. En la vida hay que aplicar el sentido común en muchos casos; pero hay momentos en los que solo la prodigalidad puede satisfacer las demandas del amor. Un regalo no es nunca realmente un regalo cuando es algo que nos podemos permitir fácilmente; un regalo llega a ser un regalo solamente cuando implica un sacrificio, y cuando damos mucho más de lo que podemos permitimos.
Nos muestra que algunas cosas han de hacerse cuando surge la oportunidad, o no se harán nunca. Los discípulos estaban interesados en ayudar a los pobres; pero los mismos rabinos decían: “Dios permite que haya pobres siempre con nosotros para que no nos falten nunca las oportunidades para hacerles bien.” Hay algunas cosas que podemos hacer en cualquier momento; hay algunas cosas que podemos hacer solo una vez; y el desaprovechar la ocasión de hacerlas entonces es perder la oportunidad para siempre. A menudo nos sentimos movidos por un impulso generoso, pero no nos dejamos llevar por él; y todas las posibilidades están en contra de que se nos vuelvan a presentar las circunstancias, la .persona, el tiempo y el impulso. Para muchos de nosotros lo trágico es que nuestra vida es la historia de las oportunidades de hacer el bien que no hemos aprovechado.
Nos dice que la fragancia de una acción hermosa no se desvanece nunca. Hay tan pocas cosas hermosas, que cada una brilla como una luz en un mundo .oscuro... Al final de la vida de Jesús había tanta amargura, tanta traición, tanta intriga, tanta tragedia, que esta historia brilla como un oasis de luz en un mundo tenebroso. En este mundo hay pocas cosas más grandes que se puedan hacer que dejar el recuerdo de una obra hermosa.
DIOS LES BENDIGA
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