¡Ore sin desmayar!




¡Ore sin desmayar! 

Por: Luis Alberto

Salmos 55:17:
Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz.

¿Por qué orar si Dios ya sabe todo? La primera lógica respuesta de amor a Dios es que oramos porque Su Palabra dice eso. Lo amamos y entonces le obedecemos.

Oramos porque Dios quiere estar en contacto con nosotros. Dios nos ama, Él mismo nos creó en Cristo Jesús para alabanza de la gloria de Su gracia. Porque cada vez que oramos uno sabe ciertísimamente quién es el inferior que pide y Quien el superior que da. Porque la autoridad que Dios le dio a Adán, él se la transfirió al diablo y como el Señor Jesucristo (como el segundo Adán que es ) recuperó para nosotros esa autoridad, le pedimos a Dios que intervenga en su nombre para recuperar providencialmente alguna cosa que necesitamos aquí sobre la Tierra.

La Palabra de Dios nos enseña  que en general Dios nos muestra que necesitamos de la oración a fin de involucrarnos en sus asuntos y hacer que ocurra Su voluntad. La vida no es una obra de marionetas en la que Dios se encuentra arriba manejando los piolines y haciendo Su voluntad sin importar nuestro libre albedrío. Pensar esto estorbó, inhibió y anuló la vida de oración de mucha gente porque si realmente todo lo que ocurre es obra de Dios, para qué orar, para que tuerza Su voluntad. 

Dios debido a Su infinito amor y justicia no es así. Nuestra oración conforme a Su voluntad habilita su poder para bendecirnos y es en la respuesta a la oración que Dios es glorificado y nosotros bendecidos.

Dios quiere que seamos sus “socios” no porque necesite nuestra sabiduría, sino porque quiere comunión con nosotros. 

Nuestra relación con nuestro Padre celestial no es la de un dominador y un dominado sino una de participación y colaboración en la continuación de nuestro plan común con Él: que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad; lo cual logramos anunciando el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo en el Reino de Dios. 

La oración es nuestra colaboración a Dios para hacer que ocurran Sus planes.
Hemos visto que la garantía de la respuesta de Dios a nuestra oración es por aquellas cosas que están en la Palabra. Usted estudie siempre mucho Su Palabra y ore mucho. Pídale a Dios, independientemente que no sepa o no esté seguro que si lo que pide, está en Su Palabra o no. 

De todos modos la Palabra de Dios es inmensa y quizás nunca la sepas toda, de tal manera que en esta charla amorosa, respetuosa pero franca, abierta donde usted derrama su corazón ante Dios preséntele sus cosas y pregúntele a Él si lo que usted le pide está disponible. Él es su Padre, él quiere conectarse con usted. Él dio a su hijo  Jesucristo por usted ¿cómo no le va a dar, con el todas las cosas? Bendiga al Padre, ¡pídale!

Si alguna vez se preguntó si debe orar, la respuesta es un enfático SI. Mucho, siempre, en todo momento y lugar, con toda oración y súplica, con acción de gracias porque Dios quiere nuestra colaboración para que se haga Su voluntad. ¡Ore sin desmayar! 
Otros creen que orar siempre por la misma cosa es vana repetición. Veremos la importancia de orar hasta que obtengamos aquello por lo que oramos. Básicamente todos nosotros oramos debido a nuestra obediencia a Dios y Su Palabra. Su Palabra lo dice, entonces eso lo decide para nosotros.

En cuanto a Jesús, su estilo de vida evidencia un estilo de vida de oración. El señor Jesucristo tenía una vida de oración muy activa y efectiva. El oraba sin cesar.

En Mateo 26:36-39:
36 - Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.

37 - Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.
38 - Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.
39 - Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

Esta porción de Escritura sucede después de la última cena y antes de ser capturado para ser torturado y luego ofrecer su vida en rescate por nosotros.
Jesús echó toda ansiedad sobre Dios enfrentando una auténtica crisis con oración.

Continuamos más adelante en:

Mateo 26: 40 y 41:
40 -Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?
41 - Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
42 -Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.

Hasta aquí oró dos veces por la misma cosa. ¿Cuántas veces uno piensa… bueno ya se lo elevé a Dios una vez, Él ya lo sabe y se hace cargo?... Aquí el señor Jesucristo oró varias veces por la misma cosa. Aquí no acaba el relato.

43 - Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.
44 -Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.

¡Por tercera vez!… deja a cualquiera sin excusas. Todo lo que el señor Jesucristo hizo, lo hizo con oración. Ya sabemos cómo terminó este tristísimo y singular momento en la vida del redentor. 

Él enfrentó valientemente los dolores de la cruz por todos nosotros. Para Jesús la voluntad de Dios fue más importante que su humanamente lógico temor de enfrentar semejante sufrimiento. Él echó su ansiedad sobre Dios pero prefirió hacer la voluntad del Padre.

Un caso similar se dio también en Pablo que es muy ilustrativo.

En 2 Corintios 12:7-10:

7 - Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;

Las revelaciones de las que habla es la que recibió con respecto a la venida de Cristo. Entonces Satanás le dio un mensajero suyo que lo molestara. ¿Qué hizo Pablo? Echó su ansiedad sobre Dios.

8 - respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.

Tres veces había orado. Es decir tres veces le había dado intervención a Dios en el asunto. Pablo había orado sin desmayar acerca de este tema que lo obstruía. El oró hasta que Dios le respondió.

9 - Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder  se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repo se sobre mí el poder de Cristo.

10 -Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

No es una locura que Pablo diga que se goza en las debilidades porque es maravilloso ver el poder de Dios actuar en aquellas situaciones que nosotros no teníamos ni idea de cómo manejar. 

Nosotros igualmente que Pablo cuando somos débiles frente a una situación que se escapa de nuestras manos y le oramos a Dios, entonces somos fuertes. Es muy bueno recalcar y recordar que SIEMPRE que uno ore conforme a la Palabra de Dios, uno recibe respuesta.

La palabra poder en griego es dunamis que significa poder inherente, y la palabra perfecciona significa hacerse perfecto, hacerse completo. Ese poder está latente en el paquete que la persona recibe de Dios en el momento del nuevo nacimiento. Pablo era débil frente a este problema. 

Uno es débil ante aquello que no puede arreglar con “sus propias manos”. Uno no le ora a Dios por aquellas cosas que puede solucionar él mismo. Pablo oró hasta que le vino la respuesta: bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad. A Pablo pudo haberle gustado o no esta respuesta, lo cierto es que fue una respuesta de nuestro Dios a una oración de un hermano en Cristo de la que podemos aprender muchísimo.

Siempre que somos débiles ante una situación que elevamos a Dios, ponemos en marcha el poder que tenemos en Dios en Cristo en nosotros y así actuamos en la vida como si fuéramos fuertes.
Porque ese poder que está ahí para cuando lo necesitemos se hace perfecto cuando lo desencadenamos con la oración.

Cuando uno va al Padre con sus cosas y se las eleva con toda la pasión y la circunstancia que rodea su petición, uno vuelca su corazón al Padre pero no le informa a Dios los planes que tiene para que Él ponga en marcha nuestros humanos deseos y posibles soluciones. 

Vamos a Dios con total confianza y expresamos nuestra pena pero estamos siempre dispuestos a hacer Su voluntad, no la nuestra, como hizo Jesucristo. Uno no le dice al Padre qué tiene que hacer y en qué plazo tiene que hacerlo.

En estos dos últimos registros aprendimos que Jesús y Pablo en momentos difíciles de sus vidas oraron hasta recibir la respuesta. La gran falla de los hijos de Dios es que no persisten en la oración; no perseveran. Si desean algo para la gloria de Dios, deben orar hasta que lo logren.


En Lucas 18:1-8:

1 - También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,        
2 - diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.
3 - Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
4 - Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,
5 - sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.
6 - Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.
7 - ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?
8 - Os digo que pronto les hará justicia...


Por medio de una parábola les enseña a sus discípulos a orar sin desmayar. Orar hasta lograr lo que piden. Es de gran importancia saber que la parábola tiene un solo propósito. Para interpretar correctamente una parábola, es menester hallar el objetivo de todo el contexto, la gran verdad que allí se nos presenta y la importante lección que se nos enseña.
Los minuciosos detalles en los que la parábola puede ir envuelta no deben ser tenidos en cuenta, a no ser que lo exija el objetivo de la parábola… La gran comparación que hace la parábola es sobre una sola cosa, y en ésta parábola esa cosa es orar sin cesar, sin desmayar. 

Esta palabra desmayar no es en el sentido médico del desmayo. Es más bien orar sin agotarse, no desanimarse, no descorazonarse aunque aún no ha venido o no ha visto la respuesta, es no bajar los brazos hasta obtener aquello que se pide. Eso hizo la viuda, así tenemos que orar nosotros.

En Efesios 6:18:

Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

A igual que en 1 Tesalonicenses 5:17: Orad sin cesar.

Perseverar, ser constantes, en todo tiempo, no cesar en la oración… 
Para los hijos de Dios, la oración debería ser como respirar. Uno no tiene que pensar para respirar porque es una respuesta automática para preservar la vida. Es nuestro contacto con la atmósfera que fue pensada por Dios para sustentar nuestras actividades biológicas normales. 

Por eso es más difícil sostener la respiración que respirar. Similarmente cuando nacemos en la familia de Dios entramos en contacto con la atmósfera de la gracia y presencia de Dios que influenciarán a partir de ese momento, nuestras benditas vidas. La oración es la respuesta normal a ese nuevo ambiente donde respiramos el aire de la presencia de Dios.

No debiéramos sostener la “respiración espiritual” por largos períodos pensando que pequeñas bocanadas del aire de oración son suficientes para sobrevivir. Y eso es justamente lo que no queremos hacer: sobrevivir por debajo de la gracia y el poder de Dios, encargándose de todas sus cosas con independencia de Dios. 

Pero para ser totalmente funcional a los deseos del Padre celestial uno debe estar continuamente en Su presencia, constantemente respirando Sus verdades. Oremos en todo tiempo y en todo lugar.

Oremos para que nuestras vidas sean a la altura del llamamiento de Dios a cada uno de nosotros para ejercer nuestro ministerio particular dentro de la casa de Dios y para que Su Palabra corra y llegue a todas las personas que tengan hambre y sed de Él.

                                                      
                                                        DIOS  TE  BENDIGA

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