CREER Y CONFESAR


CREER  Y  CONFESAR
Por: Luis Alberto



Hebreos 11:6  Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.


La Palabra de Dios enseña que creencia es la condición necesaria en el hombre para acercarse a Dios, es lo que nos permite hacer contacto y mantener una íntima comunión con El.

Creer que Dios existe es sólo el comienzo; aun los demonios creen y tiemblan, se cita en Santiago 2:19 Dios no se conformará con un simple conocimiento de su existencia. Él quiere una relación personal y dinámica con usted que transformará su vida. Quienes con sinceridad lo buscan hallarán que son premiados con la presencia íntima de Dios.

Algunas veces nos preguntamos acerca de cuál será la suerte de quienes no han oído de Cristo y que ni siquiera han tenido una Biblia para leerla. Dios nos asegura que todo aquel que lo busca con sinceridad, que actúa con fe basado en el conocimiento que tiene de Dios, será recompensado. Cuando usted les anuncia a los demás las buenas nuevas de Dios, anímelos a ser sinceros y diligentes en su búsqueda de la verdad.
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe y que es remunerador de los que le buscan.

El hombre que se acerca a Dios tiene que creer 
1) Que Dios existe 
2) que Dios es GALARDONADOR de aquellos que le buscan.

¿Qué es creencia?  Según el diccionario DRAE es el firme asentimiento y conformidad con algo, completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos, además religión y doctrina.
Lo podemos ver también en la Palabra de Dios en Hebreos 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
La CREENCIA permite apropiarse de resultados, y la CREENCIA está en el ámbito del corazón; Así como el cuerpo físico necesita alimento físico, nuestro corazón debe ser alimentado correctamente, y ese alimento es la Palabra de Dios.
Es muy importante nutrirnos para que nuestra creencia crezca, pero también es IMPORTANTÍSIMO tomar en cuenta QUE ES LO QUE HABLAMOS Y CONFESAMOS A DIARIO, ya que ello también afecta nuestra creencia, y podemos convertirnos en personas incrédulas por nuestra confesión.
En la palabra de Dios ROMANOS 10: 17 dice: Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Ahora bien si hablamos de los asuntos de Dios, si nos referimos a tener la certeza y convicción referente a que Dios EXISTE Y QUE GALARDONA, debemos encontrar la fuente que nos suministre las cosas de Dios y que nos permita ir forjando y alimentando la CERTEZA Y CONVICCIÓN.
Como vemos es la propia Palabra que nos permite ir adquiriendo una certeza y convicción acerca de los asuntos de Dios.

¿Recuerda usted lo que sentía cuando era niño y se acercaba su cumpleaños? Se sentía emocionado y ansioso. Tenía la certeza de que recibiría regalos y otros obsequios. Pero algunas cosas serían una sorpresa. Los cumpleaños combinan seguridad y expectación. ¡Así es también con la fe! La fe es la convicción basada en las experiencias pasadas de que, con toda seguridad, Dios nos dará nuevas sorpresas.

Dos palabras describen nuestra fe: confianza y certeza. Estas dos cualidades necesitan un punto inicial y final seguros. El punto inicial de la fe es creer en el carácter de Dios: Él es quien dice ser que es. El punto final es creer en las promesas de Dios: El hará lo que dice. Cuando creemos que Dios cumplirá sus promesas, a pesar de que todavía no las vemos hechas realidad, mostramos verdadera fe.
 Dios habló y se creó de la nada el universo; declaró que sería y fue. Nuestra fe está puesta en el Dios que creó el universo con su palabra. La palabra de Dios tiene un poder impresionante. Cuando El habla, ¿usted oye y responde? ¿Cómo puede prepararse mejor para responder a su palabra?

Veamos el ejemplo de Abraham:
ROMANOS 4:19-21. : Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. 
Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.

Los judíos se sentían orgullosos de llamarse hijos de Abraham. Pablo mencionó a Abraham como un buen ejemplo de alguien salvo por fe. Para recalcar la fe, Pablo no dice que las leyes de Dios sean menos importantes, pero es imposible ser salvos simplemente por obedecerlas.

Pablo explica que Abraham agradó a Dios solo por la fe, cuando ni siquiera había oído de los rituales que serían tan importantes para el pueblo judío. Nuestra salvación es solo por fe. No es por amar a Dios ni hacer buenas obras. No es por fe más amor, ni tampoco por fe más las buenas obras. Somos salvos solo mediante la fe en Cristo, confiados en que Él nos perdona todos nuestros pecados.
La promesa (o pacto) que Dios le dio a Abraham afirmaba que sería padre de muchas naciones y que todo el mundo recibiría bendición a través de él. Esta promesa se cumplió en Jesucristo. Jesús era de la descendencia de Abraham y en verdad el mundo entero recibió bendición mediante El.
 Abraham nunca dudó de que Dios cumpliría su promesa. Su vida estuvo marcada con errores, pecados y fallas así como con sabiduría y bondad, pero siempre confió en Dios. Su vida es un ejemplo de fe en acción. Si hubiera puesto los ojos en sus recursos para sojuzgar Canaán y fundar una nación, hubiera caído en la desesperación. Pero puso sus ojos en Dios, le obedeció y esperó a que El cumpliera su palabra.
Cuando algunas personas se enteran de que Dios nos salva mediante la fe, empiezan a inquietarse. "¿Tengo suficiente fe?", se preguntan. "¿Es mi fe suficientemente sólida para salvarme?" Están confundidas. Jesucristo es el que nos salva, no nuestros sentimientos ni nuestras obras. Por débil que sea nuestra fe, Él es suficiente para salvarnos. Jesús nos ofrece la salvación gratuitamente porque nos ama, no porque la hayamos ganado mediante una fe poderosa. ¿Cuál es entonces el papel de la fe? Fe es creer y confiar en Jesucristo y aceptar el don maravilloso de la salvación.
Por otra parte vemos lo contrario de lo positivo, lo NEGATIVO. Debemos sincronizar nuestra creencia con lo que confesamos. La creencia de la Palabra debe estar alineada con confesar el mensaje positivo de la Palabra de Dios.
Cuando una persona comienza a confesar negativos, estos toman preeminencia en su vida sobre la Palabra de Dios y debilitan la creencia.
La tendencia humana es agravar los negativos que el mundo propone, en vez de confesar los positivos de la Palabra de Dios.
Veamos lo que nos dice la palabra de Dios en HEBREOS 3:12  Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;
La mayoría de los creyentes no tienen problemas en creer, el punto de conflicto está en la confesión de los positivos de la Palabra de Dios, o sea en lo que se confiesa, en lo que se habla diariamente.

Como creyentes, nuestra confesión, o sea nuestro hablar debe ser en armonía con la Palabra de Dios, esto es un andar SINCRONIZADO, lo que nos va a permitir ver en manifestación en nuestra vida el poder de Dios.
Toda persona en el mundo tiene situaciones negativas en su vida, pero el punto está en no darle más importancia 
que la promesa de Palabra de Dios.
Por lo que declara o confiesa una persona, podemos ver la confianza de esa persona hacia la Palabra de Dios.

LOS TRES ASPECTOS A CONSIDERAR PARA TENER UN ANDAR SINCRONIZADO ES:

1) CREER LA PALABRA
2) CONFESAR LA PALABRA
3) VIVIR LA PALABRA

   LA VERDADERA LIBERTAD ESTA EN MANTENERNOS FIRME EN LA PALABRA,    SINCRONIZANDO NUESTRA CREENCIA CON NUESTRA CONFESION

Debemos decidir desde lo profundo de nuestro corazón no confesar nunca más negativos del mundo, porque estos debilitan nuestra creencia en la Palabra y angustian a una persona.

JUAN 8:31, 32
Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 
y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

La Palabra de Dios no permanece silenciosa en el tema del vocabulario de sus hijos, ni mucho menos, ya que no pocos de los términos referidos a las cosas de las que debemos despojarnos al renovar nuestras mentes, tienen que ver con el vocabulario. 

A algunos les puede llamar la atención, ya que uno puede pensar que las cosas externas no son tan importantes en el proceso de la transformación, pero esto no es así, es muy importante para Dios lo que decimos, cómo hablamos, qué sale de nuestras bocas.
¿Por qué es tan importante como para que Dios pida una y otra vez que renovemos nuestro lenguaje?

MATEO 15:18
Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.

El lenguaje no es inocente y contamina al hombre. Lo que sale de la boca contamina al hombre, allí está el principio.

Una de las principales maneras en que el adversario controla los reinos de este mundo es a través del lenguaje, el lenguaje genera realidades, cierra o abre puertas, predispone a recibir o rechazar, contamina o santifica. Lo que sale de la boca refleja las realidades que viven en el corazón.

PROVERBIOS 18:21
La muerte y la vida están en poder de la lengua, 
Y el que la ama comerá de sus frutos.

Con la lengua, podemos definir nuestra vida. Todo lo que sucede en nuestra vida pasa por nuestra lengua. La bendición o la maldición, la muerte o la vida. 
La Biblia es muy clara cuando nos dice que la vida y la muerte están  en el poder de la lengua. Lamentablemente muy pocos la utilizan bien, produciendo vida. Y muchos se destruyen a sí mismos, a su familia y a otros utilizando mal a su lengua.
Seamos una Iglesia que, por utilizar bien la lengua, procreamos un manantial de vida para cada hermano individualmente, para su familia y toda la nación.

Es muy claro lo que Dios revela al salmista en: SALMOS 19:14
   
Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.

Como cristianos somos llamados a un estilo de vida diferente al que el mundo está acostumbrado. Nuestras conversaciones son un reflejo de nuestro corazón y nuestra manera de observar las cosas, y generan acciones acordes. 
Que Dios nos guíe al lugar donde cada uno de nosotros abra su boca y sea solo para sanidad, bendición, gracia y amor.
                                  

                                       DIOS LOS BENDIGA



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