JESÚS SIEMPRE ESTARÁ
JESÚS SIEMPRE ESTARÁ
Por: Luis Alberto
Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Mat 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
Mat 28:20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Así Jesús les dijo los once discípulos cuando
se fueron a Galilea, a la montaña que El les había indicado. Y Le vieron, y Le adoraron.
Aquí llegamos al final de la historia evangélica, y escuchamos las últimas palabras que les dijo Jesús a sus discípulos. Y en esta última reunión con ellos, Jesús hizo tres cosas. .
Les dio la seguridad de Su poder. No había absolutamente nada que estuviera fuera del poder del que había muerto y conquistado la muerte. Ahora estaban al servicio de un Señor cuya autoridad en el cielo y en la tierra era indiscutible.
Les dio una comisión. Los envió a hacer al mundo entero Su discípulo. Se ha sugerido, y se puede discutir hasta la saciedad, que la mención del bautismo puede que se haya elaborado posteriormente. El hecho indiscutible es que la comisión de Jesús es ganar a toda la humanidad para Él.
Les prometió una presencia. Tiene que haber sido una cosa alucinante para aquellos once humildes galileos el que Jesús los mandara a la conquista del mundo. Aunque lo estaban escuchando, tiene que haberles fallado el corazón. Pero, tan pronto como se les dio la orden, la promesa se hizo realidad. Fueron enviados y nosotros también a la más grande tarea de la Historia; pero nos prometió la más grande Presencia del universo; El Espíritu Santo quien siempre ha de estar con nosotros hasta el fin del mundo.
Jesús toma la palabra afirmando su plena autoridad recibida de Dios. En virtud de ella envía a sus discípulos a una misión universal, no limitada ya a los judíos. No han de enseñar para ser maestros de muchos discípulos, sino para hacer discípulos de Jesús. Como rito de consagración, administrarán el bautismo, con la invocación trinitaria explícita, inaugurando así el tiempo de la Iglesia. Anunciar la resurrección de Jesús es anunciar que el reino ha llegado y han comenzado los nuevos tiempos. El evangelio termina como empezó. Al principio nos fue anunciado el nombre de Emanuel, Dios con nosotros, en la historia del pueblo elegido (Isa_7:14). Ahora se nos asegura que la profecía de Isaías se ha hecho permanente realidad: Yo estaré con ustedes siempre. Jesús estará siempre presente con su presencia consoladora y reconfortante en todas las situaciones de la misión evangelizadora, tanto en la predicación, la enseñanza y la celebración, como en la persecución y en la prueba.
La misión de los discípulos es tan amplia como el mundo y como el tiempo que habrá de transcurrir hasta el final de la historia. La comunidad cristiana es, a partir de ahora, memoria del crucificado-resucitado, a pesar del escándalo que significaba para el pueblo judío la muerte infame en la cruz. Sólo en este seguimiento concreto la comunidad descubre el significado de la misión y la persona de Jesús. Descubre que el reino está ligado indisolublemente a la salvación de los pobres y marginados, y que la forma concreta de su realización no puede prescindir de la actuación histórica de Jesús. Desde la persona y misión de Jesús surgen dos actitudes comunitarias: simpatía del pueblo y libertad frente a los poderes.
La Iglesia de Jesús es esencialmente una comunidad misionera. Las palabras del Señor resucitado «vayan», «pónganse en camino», invitan a salir constantemente de sí mismo, los hombres de los afanes laborales, las mujeres de sus problemas y preocupaciones domésticas, para abrirse a un nuevo horizonte: el de toda persona con el gozo de sentirse hijo o hija de Dios y hermanos y hermanas entre sí. Para ello cuentan con la presencia constante de Jesús que estará siempre presente: «Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.» Esta no es una opción sino un mandato para todos los que consideran a Jesús como "Señor".
No todos somos apóstoles, evangelistas, profetas, pastores y maestros en el sentido formal, pero todos hemos recibido dones que podemos usar para el cumplimiento de la Gran Comisión. Al obedecer somos confortados en el conocimiento que Jesús siempre está con nosotros.
La benigna promesa con la cual Jesús terminó sus palabras. Dijo á sus discípulos: "Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.
Es imposible concebir palabras más consoladoras, fortificantes y regocijadoras que estas. Aunque los discípulos iban á quedarse solos, como huérfanos, en un mundo frió y cruel, no por eso iban á estar desamparados. Su Maestro iba á estar siempre con ellos. Ningunas otras palabras habrían podido ser tan adecuadas para tales hombres, y en tales circunstancias, y ningunas otras podrían tampoco serlo para nosotros los creyentes en siglos venideros de este mundo.
Que los cristianos recuerden constantemente esas palabras. Jesús está siempre con nosotros. Jesús está con nosotros á donde quiera que vayamos. El está diariamente con nosotros para perdonar, para santificar y fortificar, para guiar y dirigir: El está con nosotros en nuestro pesar y nuestra alegría, en las enfermedades y en la salud, en vida y en muerte, en el tiempo y en la eternidad.
¿De qué manera está Jesús entre nosotros?
Con los discípulos estuvo cara a cara hasta que ascendió al cielo, y luego por medio del Espíritu Santo; Es la presencia de Jesús que nunca nos abandonaría. Jesús continúa estando con nosotros hoy y siempre, a través de los siglos por medio del Espíritu Santo.
DIOS LES BENDIGA
JESÚS SIEMPRE ESTARÁ
Por: Luis Alberto
Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Mat 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
Mat 28:20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Así Jesús les dijo los once discípulos cuando
se fueron a Galilea, a la montaña que El les había indicado. Y Le vieron, y Le adoraron.
Aquí llegamos al final de la historia evangélica, y escuchamos las últimas palabras que les dijo Jesús a sus discípulos. Y en esta última reunión con ellos, Jesús hizo tres cosas. .
Les dio la seguridad de Su poder. No había absolutamente nada que estuviera fuera del poder del que había muerto y conquistado la muerte. Ahora estaban al servicio de un Señor cuya autoridad en el cielo y en la tierra era indiscutible.
Les dio una comisión. Los envió a hacer al mundo entero Su discípulo. Se ha sugerido, y se puede discutir hasta la saciedad, que la mención del bautismo puede que se haya elaborado posteriormente. El hecho indiscutible es que la comisión de Jesús es ganar a toda la humanidad para Él.
Les prometió una presencia. Tiene que haber sido una cosa alucinante para aquellos once humildes galileos el que Jesús los mandara a la conquista del mundo. Aunque lo estaban escuchando, tiene que haberles fallado el corazón. Pero, tan pronto como se les dio la orden, la promesa se hizo realidad. Fueron enviados y nosotros también a la más grande tarea de la Historia; pero nos prometió la más grande Presencia del universo; El Espíritu Santo quien siempre ha de estar con nosotros hasta el fin del mundo.
Jesús toma la palabra afirmando su plena autoridad recibida de Dios. En virtud de ella envía a sus discípulos a una misión universal, no limitada ya a los judíos. No han de enseñar para ser maestros de muchos discípulos, sino para hacer discípulos de Jesús. Como rito de consagración, administrarán el bautismo, con la invocación trinitaria explícita, inaugurando así el tiempo de la Iglesia. Anunciar la resurrección de Jesús es anunciar que el reino ha llegado y han comenzado los nuevos tiempos. El evangelio termina como empezó. Al principio nos fue anunciado el nombre de Emanuel, Dios con nosotros, en la historia del pueblo elegido (Isa_7:14). Ahora se nos asegura que la profecía de Isaías se ha hecho permanente realidad: Yo estaré con ustedes siempre. Jesús estará siempre presente con su presencia consoladora y reconfortante en todas las situaciones de la misión evangelizadora, tanto en la predicación, la enseñanza y la celebración, como en la persecución y en la prueba.
La misión de los discípulos es tan amplia como el mundo y como el tiempo que habrá de transcurrir hasta el final de la historia. La comunidad cristiana es, a partir de ahora, memoria del crucificado-resucitado, a pesar del escándalo que significaba para el pueblo judío la muerte infame en la cruz. Sólo en este seguimiento concreto la comunidad descubre el significado de la misión y la persona de Jesús. Descubre que el reino está ligado indisolublemente a la salvación de los pobres y marginados, y que la forma concreta de su realización no puede prescindir de la actuación histórica de Jesús. Desde la persona y misión de Jesús surgen dos actitudes comunitarias: simpatía del pueblo y libertad frente a los poderes.
La Iglesia de Jesús es esencialmente una comunidad misionera. Las palabras del Señor resucitado «vayan», «pónganse en camino», invitan a salir constantemente de sí mismo, los hombres de los afanes laborales, las mujeres de sus problemas y preocupaciones domésticas, para abrirse a un nuevo horizonte: el de toda persona con el gozo de sentirse hijo o hija de Dios y hermanos y hermanas entre sí. Para ello cuentan con la presencia constante de Jesús que estará siempre presente: «Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.» Esta no es una opción sino un mandato para todos los que consideran a Jesús como "Señor".
No todos somos apóstoles, evangelistas, profetas, pastores y maestros en el sentido formal, pero todos hemos recibido dones que podemos usar para el cumplimiento de la Gran Comisión. Al obedecer somos confortados en el conocimiento que Jesús siempre está con nosotros.
La benigna promesa con la cual Jesús terminó sus palabras. Dijo á sus discípulos: "Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.
Es imposible concebir palabras más consoladoras, fortificantes y regocijadoras que estas. Aunque los discípulos iban á quedarse solos, como huérfanos, en un mundo frió y cruel, no por eso iban á estar desamparados. Su Maestro iba á estar siempre con ellos. Ningunas otras palabras habrían podido ser tan adecuadas para tales hombres, y en tales circunstancias, y ningunas otras podrían tampoco serlo para nosotros los creyentes en siglos venideros de este mundo.
Que los cristianos recuerden constantemente esas palabras. Jesús está siempre con nosotros. Jesús está con nosotros á donde quiera que vayamos. El está diariamente con nosotros para perdonar, para santificar y fortificar, para guiar y dirigir: El está con nosotros en nuestro pesar y nuestra alegría, en las enfermedades y en la salud, en vida y en muerte, en el tiempo y en la eternidad.
¿De qué manera está Jesús entre nosotros?
Con los discípulos estuvo cara a cara hasta que ascendió al cielo, y luego por medio del Espíritu Santo; Es la presencia de Jesús que nunca nos abandonaría. Jesús continúa estando con nosotros hoy y siempre, a través de los siglos por medio del Espíritu Santo.
DIOS LES BENDIGA
JESÚS SIEMPRE ESTARÁ
Por: Luis Alberto
Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Mat 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
Mat 28:20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Así Jesús les dijo los once discípulos cuando
se fueron a Galilea, a la montaña que El les había indicado. Y Le vieron, y Le adoraron.
Aquí llegamos al final de la historia evangélica, y escuchamos las últimas palabras que les dijo Jesús a sus discípulos. Y en esta última reunión con ellos, Jesús hizo tres cosas. .
Les dio la seguridad de Su poder. No había absolutamente nada que estuviera fuera del poder del que había muerto y conquistado la muerte. Ahora estaban al servicio de un Señor cuya autoridad en el cielo y en la tierra era indiscutible.
Les dio una comisión. Los envió a hacer al mundo entero Su discípulo. Se ha sugerido, y se puede discutir hasta la saciedad, que la mención del bautismo puede que se haya elaborado posteriormente. El hecho indiscutible es que la comisión de Jesús es ganar a toda la humanidad para Él.
Les prometió una presencia. Tiene que haber sido una cosa alucinante para aquellos once humildes galileos el que Jesús los mandara a la conquista del mundo. Aunque lo estaban escuchando, tiene que haberles fallado el corazón. Pero, tan pronto como se les dio la orden, la promesa se hizo realidad. Fueron enviados y nosotros también a la más grande tarea de la Historia; pero nos prometió la más grande Presencia del universo; El Espíritu Santo quien siempre ha de estar con nosotros hasta el fin del mundo.
Jesús toma la palabra afirmando su plena autoridad recibida de Dios. En virtud de ella envía a sus discípulos a una misión universal, no limitada ya a los judíos. No han de enseñar para ser maestros de muchos discípulos, sino para hacer discípulos de Jesús. Como rito de consagración, administrarán el bautismo, con la invocación trinitaria explícita, inaugurando así el tiempo de la Iglesia. Anunciar la resurrección de Jesús es anunciar que el reino ha llegado y han comenzado los nuevos tiempos. El evangelio termina como empezó. Al principio nos fue anunciado el nombre de Emanuel, Dios con nosotros, en la historia del pueblo elegido (Isa_7:14). Ahora se nos asegura que la profecía de Isaías se ha hecho permanente realidad: Yo estaré con ustedes siempre. Jesús estará siempre presente con su presencia consoladora y reconfortante en todas las situaciones de la misión evangelizadora, tanto en la predicación, la enseñanza y la celebración, como en la persecución y en la prueba.
La misión de los discípulos es tan amplia como el mundo y como el tiempo que habrá de transcurrir hasta el final de la historia. La comunidad cristiana es, a partir de ahora, memoria del crucificado-resucitado, a pesar del escándalo que significaba para el pueblo judío la muerte infame en la cruz. Sólo en este seguimiento concreto la comunidad descubre el significado de la misión y la persona de Jesús. Descubre que el reino está ligado indisolublemente a la salvación de los pobres y marginados, y que la forma concreta de su realización no puede prescindir de la actuación histórica de Jesús. Desde la persona y misión de Jesús surgen dos actitudes comunitarias: simpatía del pueblo y libertad frente a los poderes.
La Iglesia de Jesús es esencialmente una comunidad misionera. Las palabras del Señor resucitado «vayan», «pónganse en camino», invitan a salir constantemente de sí mismo, los hombres de los afanes laborales, las mujeres de sus problemas y preocupaciones domésticas, para abrirse a un nuevo horizonte: el de toda persona con el gozo de sentirse hijo o hija de Dios y hermanos y hermanas entre sí. Para ello cuentan con la presencia constante de Jesús que estará siempre presente: «Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.» Esta no es una opción sino un mandato para todos los que consideran a Jesús como "Señor".
No todos somos apóstoles, evangelistas, profetas, pastores y maestros en el sentido formal, pero todos hemos recibido dones que podemos usar para el cumplimiento de la Gran Comisión. Al obedecer somos confortados en el conocimiento que Jesús siempre está con nosotros.
La benigna promesa con la cual Jesús terminó sus palabras. Dijo á sus discípulos: "Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.
Es imposible concebir palabras más consoladoras, fortificantes y regocijadoras que estas. Aunque los discípulos iban á quedarse solos, como huérfanos, en un mundo frió y cruel, no por eso iban á estar desamparados. Su Maestro iba á estar siempre con ellos. Ningunas otras palabras habrían podido ser tan adecuadas para tales hombres, y en tales circunstancias, y ningunas otras podrían tampoco serlo para nosotros los creyentes en siglos venideros de este mundo.
Que los cristianos recuerden constantemente esas palabras. Jesús está siempre con nosotros. Jesús está con nosotros á donde quiera que vayamos. El está diariamente con nosotros para perdonar, para santificar y fortificar, para guiar y dirigir: El está con nosotros en nuestro pesar y nuestra alegría, en las enfermedades y en la salud, en vida y en muerte, en el tiempo y en la eternidad.
¿De qué manera está Jesús entre nosotros?
Con los discípulos estuvo cara a cara hasta que ascendió al cielo, y luego por medio del Espíritu Santo; Es la presencia de Jesús que nunca nos abandonaría. Jesús continúa estando con nosotros hoy y siempre, a través de los siglos por medio del Espíritu Santo.
DIOS LES BENDIGA
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